Crecimiento, cohesión social y Podemos

Los datos son abrumadores: reducción de los salarios y degradación de las condiciones laborales, recortes en el gasto social público y aumento de la presión fiscal sobre las rentas medias y bajas, mayor desigualdad y crecimiento de la pobreza, absoluta y relativa. Este es el balance social de la crisis económica y de la gestión de la misma realizada desde el gobierno.

Para salir de esta situación, todo se fía al crecimiento económico. Argumento de las derechas y también de una parte de las izquierdas. Como el crecimiento apenas despunta o lo hace levemente, el debate público, político y mediático, se centra en las políticas que podrían dinamizarlo; como, por ejemplo, una intervención más resuelta del Banco Central Europeo, un tratamiento fiscal más favorable hacia los beneficios empresariales o un decidido apoyo de la actividad exportadora. Se parte del supuesto de que, una vez lanzado el crecimiento y siempre que se apliquen políticas compatibles con el mismo, el proceso se retroalimentará, generando un círculo virtuoso donde, finalmente, todos ganarían. ¿Y el panorama social? Quienes razonan desde estas coordenadas, sostienen que también mejoraría, pues el empuje de la actividad económica se trasladaría, por definición, a las condiciones de vida de la población. Sigue leyendo

¡Es necesario distribuir!

 

Primero. Porque el origen de la crisis económica, una de sus causas fundamentales, se encuentra en el aumento de la desigualdad registrado en los capitalismos europeos desde que el neoliberalismo y los intereses que lo promovieron se apoderaron del denominado proyecto europeo. El estancamiento de los salarios y la concentración de la riqueza en las oligarquías están en la base de la economía del endeudamiento y del posterior crack financiero. También porque la gestión de la crisis realizada por el bloque dominante ha enriquecido a unos pocos y ha empobrecido a la mayoría, y de este modo están pagando la crisis los que no han tenido ninguna responsabilidad en su gestación. Sigue leyendo

¿Podemos permitirnos la desigualdad? (Ignacio Álvarez y Fernando Luengo)

Desde que Podemos irrumpió en el panorama político, buena parte de los medios de comunicación y de los partidos tradicionales se han puesto manos a la obra para desacreditar esta nueva y prometedora formación. Uno de los argumentos esgrimidos consiste en afirmar que carecemos de un programa económico digno de tal nombre y que, de aplicarse, éste llevaría a nuestra economía a una situación crítica.

No es nuestra intención proceder a una defensa numantina del programa  de Podemos en el ámbito de la economía. No tendría sentido, entre otras razones porque dicho programa, así como los principios políticos y la estructura organizativa, están siendo objeto de un amplio debate que culminará en la asamblea constituyente que se celebrará a lo largo de las próximas semanas. Pero sí queremos proponer a los lectores una reflexión sobre una de las cuestiones medulares de la propuesta de Podemos: la lucha contra la desigualdad. Sigue leyendo

Crecimiento, cohesión social y Podemos

Los datos son abrumadores: reducción de los salarios y degradación de las condiciones laborales, recortes en el gasto social público y aumento de la presión fiscal sobre las rentas medias y bajas, mayor desigualdad y crecimiento de la pobreza, absoluta y relativa. Este es el balance social de la crisis económica y de la gestión de la misma realizada desde el gobierno.

Para salir de esta situación, todo se fía al crecimiento económico. Argumento de las derechas y también de una parte de las izquierdas. Como el crecimiento apenas despunta o lo hace levemente, el debate público, político y mediático, se centra en las políticas que podrían dinamizarlo; como, por ejemplo, una intervención más resuelta del Banco Central Europeo, un tratamiento fiscal más favorable hacia los beneficios empresariales o un decidido apoyo de la actividad exportadora. Se parte del supuesto de que, una vez lanzado el crecimiento y siempre que se apliquen políticas compatibles con el mismo, el proceso se retroalimentará, generando un círculo virtuoso donde, finalmente, todos ganarían. ¿Y el panorama social? Quienes razonan desde estas coordenadas, sostienen que también mejoraría, pues el empuje de la actividad económica se trasladaría, por definición, a las condiciones de vida de la población. Sigue leyendo