Las raíces de la desigualdad

¿Por qué aumenta la desigualdad? ¿se trata de un desgraciado episodio asociado a la crisis económica o tiene raíces más profundas?

Ambas preguntas son relevantes. La primera se interroga sobre un problema que afecta a mucha gente que vive en condiciones de precariedad o de pobreza y, lo peor de todo, que no encuentra salida a una situación que se prolonga en el tiempo y que amenaza con enquistarse, si es que no lo ha hecho ya. La segunda de las cuestiones abre la puerta a una reflexión que, trascendiendo la coyuntura de la crisis, apunta al corazón de los modelos de crecimiento seguidos en las últimas décadas, que también fueron testigos de un aumento de la desigualdad (aunque sin alcanzar los niveles actuales). Sigue leyendo

Los mercados no están vacios

Pues no, no lo están, a pesar de que se hayan vertido toneladas de tinta para presentar un espacio sin actores (o con actores que no pueden influir en el espacio). Mercados guiados por una especie de mano invisible, misteriosa y racional, que gobierna los procesos económicos, premiando la eficiencia y penalizando el despilfarro.

Por superficial e irrelevante que pueda parecer esta visión de las cosas, dominaba y domina -contra viento y marea, contra la apabullante evidencia suministrada por la crisis- el lenguaje y los espacios académicos. Como mucho, se acepta, no sin resistencias, que esa mano invisible puede errar algunas veces, pero no hay que preocuparse, pues inmediatamente los mercados activarán los dispositivos que restablecerán los equilibrios… o el detestado sector público acudirá a socorrer, con recursos de todos, al muy eficiente sector privado. Sigue leyendo

La Europa de los mercados

Una crisis tan profunda y persistente como la actual, tan desigualmente repartida entre países, regiones y grupos sociales, hubiera exigido una intervención contundente por parte de la Unión Europea (UE), inspirada en los principios que, en teoría, son consustanciales al proyecto comunitario: convergencia y cohesión social.

Justo lo contrario de lo sucedido. En lugar de una toma de posición sustentada en esos principios, nos encontramos con políticas promovidas desde la Troika (¿esto es lo que queda de Europa como proyecto?), que incorporan un diagnóstico de la crisis sesgado e interesado. La materialización de esas políticas han acrecentado las desigualdades y la polarización social, convirtiendo en retórica vacía el ideario comunitario; nada que ver con una Europa ciudadana y democrática. Sigue leyendo