Draghi y los salarios, ¡menuda caradura!

En unas recientes declaraciones de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), en la Eurocámara ha lanzado el mensaje de que ha llegado la hora de subir los salarios. Justifica esta posición ante la falta de resultados de la política monetaria y el limitado espacio que deja Bruselas a la política presupuestaria de los gobiernos. El aumento de los salarios debe suplir estas carencias, estimulando la demanda y ayudando a superar el bucle deflacionista en el que están inmersas las economías europeas. Sigue leyendo

La concentración del poder es un cáncer

Presentados como axiomas incontrovertibles, supuestamente sostenidos por la teoría económica y la evidencia empírica, no son pocos los lugares comunes manejados por los economistas. Uno de los más recurrentes, al que se acude una y otra vez, es que los salarios recibidos por los trabajadores recompensan su productividad o el capital humano atesorado por cada uno. ¿El ejecutivo cuya retribución es cien veces, o más, superior a la del salario medio pagado en su firma ve premiado su plus de productividad? ¿Acaso son sus méritos profesionales los que explican las muy generosas pensiones e indemnizaciones que tienen otorgadas? En absoluto. Sigue leyendo

Europa, Rajoy, Rivera y Podemos

¿Es necesario que el programa electoral con el que los partidos políticos acuden a las elecciones formule propuestas al respecto de la actual encrucijada europea? En mi opinión, la contestación debe ser rotundamente afirmativa. Hay, al menos, cuatro razones que justifican una clara toma de posición: a) por la gestión autoritaria y oligárquica que la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, junto al Fondo Monetario Internacional (la célebre Troika) han realizado de la crisis, b) por los cambios decisivos, una histórica regresión, que se han operado en las instituciones comunitarias y en las políticas que promueven, c) porque nuestra economía forma parte de la Unión Europea (UE) y de la Unión Económica y Monetaria, lo que supone una notable cesión de soberanía en parcelas cruciales de la política económica, y d) porque la credibilidad y la legitimidad de la UE ha quedado seriamente erosionada, incluso entre aquellos sectores de la ciudadanía más comprometidos e ilusionados con el denominado “proyecto europeísta”. Sigue leyendo

Globalización y salarios. Más allá de la austeridad

A menudo se asocia la represión salarial con las políticas de ajuste presupuestario y con la búsqueda de posiciones competitivas en el mercado internacional. Esa asociación es, sin duda, correcta. La pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios y la degradación de las condiciones de trabajo tiene mucho que ver con esas políticas, aplicadas en los años de crisis. Propongo al lector, no obstante, trascender la coyuntura de la Gran Recesión para situar la reflexión en la impronta globalizadora de las últimas décadas. Sigue leyendo

Lo que importa a la gente

Se ha convertido en un hábito –muy saludable, por cierto- criticar la desigualdad. Entre los críticos se encuentran instituciones tan conservadoras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). No hace mucho éstas y otras entidades de similar perfil, y muchos economistas de la corriente dominante, sostenían que la desigualdad era el combustible que aseguraba un adecuado funcionamiento de las economías; estimulaba el ahorro,  favorecía la inversión y, al mismo tiempo, proporcionaba los estímulos necesarios para el aumento de la productividad. Por increíble que pueda parecer, estos principios forman parte de la enseñanza de la economía en muchas universidades. Sigue leyendo

Las raíces de la desigualdad

¿Por qué aumenta la desigualdad? ¿se trata de un desgraciado episodio asociado a la crisis económica o tiene raíces más profundas?

Ambas preguntas son relevantes. La primera se interroga sobre un problema que afecta a mucha gente que vive en condiciones de precariedad o de pobreza y, lo peor de todo, que no encuentra salida a una situación que se prolonga en el tiempo y que amenaza con enquistarse, si es que no lo ha hecho ya. La segunda de las cuestiones abre la puerta a una reflexión que, trascendiendo la coyuntura de la crisis, apunta al corazón de los modelos de crecimiento seguidos en las últimas décadas, que también fueron testigos de un aumento de la desigualdad (aunque sin alcanzar los niveles actuales). Sigue leyendo

¡Menos población activa! Gran éxito de Rajoy

Población activa, término que hace referencia a la parte de la sociedad que participa en el mercado de trabajo; esto es, la suma de los empleados más los desempleados. En otras palabras, las personas en edad de trabajar, con edades comprendidas entre 16 y 65 años (todos los gobiernos, también el de Partido Popular (PP) están aumentando este techo con el pretexto de la insostenibildad de las pensiones) que intervienen o quieren intervenir en el proceso de creación de riqueza. Sigue leyendo

¿Qué demonios quieren los inmigrantes?

Quiero referirme en estas líneas a las migraciones que no han dejado de crecer en los últimos años. Las que protagonizan personas de todas las edades que huyen de las hambrunas y las guerras; también de las devastadoras consecuencias del cambio climático (que afecta a la vida de todos, pero que lo padecen especialmente los pobres del planeta). Las que incomodan, preocupan y perturban al establishment, y que no queremos tener cerca. Las que sólo son cabecera de los medios de comunicación cuando vienen asociadas con grandes tragedias humanitarias; luego pasan a lugares periféricos de las páginas interiores de los periódicos de gran tirada, para desaparecer a continuación, sin dejar huella. Sigue leyendo

No somos más competitivos bajando los salarios

Uno de los axiomas básicos que han justificado las políticas de represión salarial plantea que son necesarias para reforzar la competitividad externa.

En trazos gruesos, la lógica que sostiene esa afirmación puede resumirse así. Como los costes laborales son esenciales en la formación de los precios, su contención repercute positivamente sobre éstos, lo que sitúa a las empresas en mejores condiciones que sus rivales para colocar en el exterior los bienes y servicios que producen. El ajuste en los precios ofrece una ventaja competitiva que refuerza las capacidades exportadoras, traduciéndose en mayores cuotas de mercado

No somos más competitivos bajando los salarios