La competitividad no es sólo un problema de Alemania

Acaba de conocerse la noticia de que el Producto Interior Bruto de la economía alemana ha retrocedido en el segundo trimestre del año. Se abre, todavía tímidamente, un debate acerca de la viabilidad y la consistencia del “modelo económico alemán”, cuyo motor ya presentaba evidentes signos de debilidad en los últimos años. Un debate muy necesario, sobre el que, hasta el momento, se había pasado de puntillas en Europa. Resultaba mucho más cómodo, y rentable para las elites económicas y políticas, cargar con toda la artillería contra las “despilfarradoras e ineficientes” economías del sur.

Son numerosos y muy relevantes los asuntos a tratar al respecto de los fundamentos y la evolución de la economía alemana, pero los voy a dejar para otro momento. En las líneas que siguen propongo una reflexión sobre uno de los ejes centrales de esa economía, que, en un sentido más amplio, forma parte de las verdades indiscutibles del pensamiento económico dominante: el objetivo de la competitividad. Objetivo que, de manera resumida, consiste en vender más y disputar a nuestros socios o rivales cuotas de mercado. Un par de observaciones al respecto.

En primer lugar, la competitividad -tanto la que se alimenta de precios bajos, como la que se nutre de las innovaciones tecnológicas y de la oferta de bienes y servicios de calidad- esta anclada en la lógica del crecimiento. Un crecimiento que, como sabemos (o deberíamos saber), ha encendido todas las luces rojas de la insostenibilidad. No importa, se sigue apostando por un modelo que, en todas sus versiones, utiliza una gran cantidad de materiales y energía, cada vez más escasos y que, por esa razón, están y estarán en el origen de todo tipo de conflictos, donde, como siempre, los más pobres tienen todas las de perder; un modelo que, como proclama la inmensa mayoría de la comunidad científica, ya está teniendo efectos devastadores y posiblemente irreversibles sobre el cambio climático. El planteamiento sobre el binomio competitividad/crecimiento se intenta aderezar con propuestas referidas a un supuesto “crecimiento verde”, siempre en la confianza de que las innovaciones tecnológicas permitirán gestionar y reducir los costes. Entre tanto, la relación depredadora con la naturaleza sigue su curso y todos los escenarios de riesgo se precipitan, con un mensaje claro y contundente: no hay tiempo. Las recetas cuyo núcleo es la competitividad, como motor de funcionamiento de las economías, agravan el problema…la lógica de las cantidades -más producción, más recursos- no es viable.

En segundo lugar, la verdadera acepción de la competitividad la encontramos en la esfera de la economía política. Se persigue ese objetivo en un contexto de abierta impugnación por parte de los poderosos de las políticas redistributivas, de acoso y derribo de los estados de bienestar, de fractura de los equilibrios sociales en beneficio del capital, de debilitamiento o ausencia de espacios de negociación colectiva, de libertad sin restricciones en lo que concierne al movimiento transfronterizo de capitales… No estamos, pues, ante un elegante debate académico. En estas coordenadas, el objetivo competitivo conduce, inexorablemente, a presionar sobre los salarios, pero no sólo; también presiona sobre la naturaleza y las instituciones.

No es de recibo seguir aceptando el discurso de la competitividad “buena”, la que apuesta por la innovación, frente a la “mala”, que se articula alrededor del pack salarios/costes/precios bajos. Las economías de los “países modelo”, sus progresos, no se pueden entender sin la confiscación y la degradación de las periferias. Tampoco podemos cerrar los ojos ante las “empresas de éxito”, cuyo modelo de negocio se basa a menudo en salarios bajos, en ritmos de trabajo y jornadas extenuantes o en la subcontratación con firmas que ignoran los derechos laborales más básicos.

Discutamos sobre las carencias del denominado “modelo alemán”, por supuesto. El debate europeo no es debate sin introducir este tema en la agenda; las proclamas hacia más Europa lo ignoran y lo ocultan. Pero seamos conscientes de que los problemas estructurales que urge enfrentar, como el de la competitividad (que Alemania simboliza como nadie) nos hablan de un capitalismo, europeo y global, y de unos grupos dominantes que, si nadie lo remedia, nos llevan directamente al colapso.

 

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Impuestos, ¿quién los paga? ¿cómo se utilizan?, estas son las cuestiones

Las derechas y el pensamiento económico conservador defienden, en teoría al menos, bajar los impuestos, convirtiendo este objetivo en una de sus principales banderas; colgando a las izquierdas y al pensamiento crítico el sambenito de querer aumentar la presión fiscal o mantenerla en niveles elevados.

Como tantas veces en economía y en política, estamos ante un asunto crucial que se aborda de manera deliberadamente confusa, con afirmaciones de trazo grueso. Centrar la cuestión en los impuestos es poner el foco en las herramientas, en los medios; pero ¿al servicio de qué política económica, de qué economía se utiliza el potencial recaudatorio de los Estados? Esta es, en mi opinión, la pregunta fundamental sobre la que, necesariamente, hay pronunciarse. Sigue leyendo

Europeismo e investidura

Uno de los ejes centrales del discurso de investidura de Pedro Sánchez ha sido Europa. En su declaración programática ha proclamado su compromiso, en caso de alcanzar la presidencia del gobierno, con un proyecto europeo que, según sus propias palabras, ha traído a la ciudadanía europea prosperidad económica y cohesión social. De modo que la ruta a seguir está clara: más y mejor Europa. Sigue leyendo

Gobierno de coalición y consulta a las bases de Podemos

La decisión adoptada por la dirección de Podemos de dar la palabra a los inscritos para que decidan la posición que debe tomar el partido en la investidura era muy necesaria. La participación o no en un gobierno de coalición (o de cooperación) con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es un asunto de gran trascendencia política que justifica la activación de este protocolo de participación previsto en los estatutos. Una diferencia sustancial con los partidos tradicionales donde todo lo importante se lo guisan y se lo comen unos pocos. Los términos en que se plantea la consulta son, sin embargo, confusos y tendenciosos. Sigue leyendo

El capital, en guerra contra el trabajo…y la están ganando

La economía convencional asegura que la recuperación del crecimiento económico, medido a través del Producto Interior Bruto (PIB), debería concretarse en salarios más elevados. Por dos vías. En primer lugar, porque ese mayor crecimiento implica más demanda de empleo por parte de las empresas para atender las nuevas y mayores necesidades de los mercados; en segundo lugar, porque los avances en la productividad laboral, asociados a la progresión del PIB, proporcionan el margen necesario para que mejoren las retribuciones de los trabajadores. Pues bien, veamos si ese escenario se está materializando en la economía española en los años de crecimiento -esto es, una vez superada la recesión-, entre 2014 y 2018. Sigue leyendo

¿Gobernar con los socialistas?

Conviene aclarar, para empezar, que, cuando se escriben estas líneas, la dirección del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) no parece dispuesta a gobernar con Podemos, al menos no es esta su primera opción. De hecho, en el juego a múltiples bandas al que estamos asistiendo en estos días, en el que desempeña un papel importante la configuración de los gobiernos municipales y autonómicos, los dirigentes socialistas están manejando la posibilidad de sacar adelante la investidura con el apoyo, activo o pasivo, del Partido Popular y de Ciudadanos; una operación que todavía esta abierta y que apoyan los poderes económicos y políticos. Sigue leyendo

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Los medios de comunicación se han hecho eco de la decisión o la intención de algunos ayuntamientos de aumentar el sueldo de alcaldes, concejales y altos cargos. Los afectados han intentado justificar lo injustificable, afirmando que ese aumento era necesario como estímulo y recompensa para realizar en buenas condiciones su trabajo, que no es otro que representar dignamente a la ciudadanía. Sigue leyendo

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En los últimos años, sobre todo, han visto la luz numerosos informes, libros y artículos y hemos asistido a un sinfín de declaraciones relativos a la preocupante progresión de la desigualdad. No sólo desde la izquierda y el pensamiento crítico. Instituciones tan venerables y conservadoras como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial advierten sobre los peligros, para el funcionamiento de la economía y para la estabilidad social y política, del aumento y enquistamiento de la inequidad. Incluso el Foro de Davos, donde se dan cita los más ricos, poderosos e influyentes del planeta, ha mostrado su inquietud ante este problema. Sigue leyendo

La desigualdad, el gran desafío europeo

Un tsunami, devastador, recorre Europa y tiene nombre: desigualdad. Esta es consustancial al sistema económico capitalista y ha ganado relevancia con la irrupción y el triunfo del neoliberalismo, a comienzos de los años 80 del pasado siglo. Pero ha sido con el estallido del crack financiero y con la aplicación de las políticas implementadas desde las instituciones comunitarias y los gobiernos cuando ha alcanzado los mayores umbrales. Como señalo más adelante, no sólo hay más desigualdad; además, presenta rasgos nuevos que la hacen más amenazante. Sigue leyendo