Globalización y salarios. Más allá de la austeridad

A menudo se asocia la represión salarial con las políticas de ajuste presupuestario y con la búsqueda de posiciones competitivas en el mercado internacional. Esa asociación es, sin duda, correcta. La pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios y la degradación de las condiciones de trabajo tiene mucho que ver con esas políticas, aplicadas en los años de crisis. Propongo al lector, no obstante, trascender la coyuntura de la Gran Recesión para situar la reflexión en la impronta globalizadora de las últimas décadas. Sigue leyendo

Lo que importa a la gente

Se ha convertido en un hábito –muy saludable, por cierto- criticar la desigualdad. Entre los críticos se encuentran instituciones tan conservadoras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). No hace mucho éstas y otras entidades de similar perfil, y muchos economistas de la corriente dominante, sostenían que la desigualdad era el combustible que aseguraba un adecuado funcionamiento de las economías; estimulaba el ahorro,  favorecía la inversión y, al mismo tiempo, proporcionaba los estímulos necesarios para el aumento de la productividad. Por increíble que pueda parecer, estos principios forman parte de la enseñanza de la economía en muchas universidades. Sigue leyendo

Las raíces de la desigualdad

¿Por qué aumenta la desigualdad? ¿se trata de un desgraciado episodio asociado a la crisis económica o tiene raíces más profundas?

Ambas preguntas son relevantes. La primera se interroga sobre un problema que afecta a mucha gente que vive en condiciones de precariedad o de pobreza y, lo peor de todo, que no encuentra salida a una situación que se prolonga en el tiempo y que amenaza con enquistarse, si es que no lo ha hecho ya. La segunda de las cuestiones abre la puerta a una reflexión que, trascendiendo la coyuntura de la crisis, apunta al corazón de los modelos de crecimiento seguidos en las últimas décadas, que también fueron testigos de un aumento de la desigualdad (aunque sin alcanzar los niveles actuales). Sigue leyendo

¡Menos población activa! Gran éxito de Rajoy

Población activa, término que hace referencia a la parte de la sociedad que participa en el mercado de trabajo; esto es, la suma de los empleados más los desempleados. En otras palabras, las personas en edad de trabajar, con edades comprendidas entre 16 y 65 años (todos los gobiernos, también el de Partido Popular (PP) están aumentando este techo con el pretexto de la insostenibildad de las pensiones) que intervienen o quieren intervenir en el proceso de creación de riqueza. Sigue leyendo

¿Qué demonios quieren los inmigrantes?

Quiero referirme en estas líneas a las migraciones que no han dejado de crecer en los últimos años. Las que protagonizan personas de todas las edades que huyen de las hambrunas y las guerras; también de las devastadoras consecuencias del cambio climático (que afecta a la vida de todos, pero que lo padecen especialmente los pobres del planeta). Las que incomodan, preocupan y perturban al establishment, y que no queremos tener cerca. Las que sólo son cabecera de los medios de comunicación cuando vienen asociadas con grandes tragedias humanitarias; luego pasan a lugares periféricos de las páginas interiores de los periódicos de gran tirada, para desaparecer a continuación, sin dejar huella. Sigue leyendo

No somos más competitivos bajando los salarios

Uno de los axiomas básicos que han justificado las políticas de represión salarial plantea que son necesarias para reforzar la competitividad externa.

En trazos gruesos, la lógica que sostiene esa afirmación puede resumirse así. Como los costes laborales son esenciales en la formación de los precios, su contención repercute positivamente sobre éstos, lo que sitúa a las empresas en mejores condiciones que sus rivales para colocar en el exterior los bienes y servicios que producen. El ajuste en los precios ofrece una ventaja competitiva que refuerza las capacidades exportadoras, traduciéndose en mayores cuotas de mercado

No somos más competitivos bajando los salarios

El sentido común de la economía y los economistas

El sentido común. ¿Hay un término más usado en estos tiempos de confusión y cambio que nos ha tocado vivir? Creo que no. Casi todo se justifica apelando a ese sentido común, como si reflejara una lógica irrefutable. Quien se sitúe fuera de esas coordenadas, donde conviven la razón y la tradición, o se atreva a cuestionar unos registros que, supuestamente, nos permiten entender la realidad -para los que tenemos un lenguaje simple y directo, nada sofisticado- es inmediatamente descalificado o arrojado a las tinieblas de la sinrazón y la ignorancia. Sigue leyendo

¡Hablemos de desigualdad!

En los últimos años han visto la luz un buen número de publicaciones –algunas de ellas lanzadas desde organismos y agencias internacionales de indudable tono conservador- centradas en la desigualdad. Advierten sobre su continua progresión y sus negativas consecuencias sobre el funcionamiento de las economías, proponiendo medidas encaminadas a corregir o, al menos, suavizar este fenómeno. Sigue leyendo

Aumentar los salarios para salir de la crisis

Para superar la crisis económica es necesario aplicar una política económica cuyo objetivo sea, entre otros, aumentar los salarios. Justo lo contrario de la aplicada por el gobierno del Partido Popular, de la recomendada por el Banco de España y de la impuesta desde la Troika comunitaria.

Por razones de equidad. Porque no es justo que los costes de la crisis económica sean soportados por los trabajadores asalariados, pues ellos no son los que la han provocado. A pesar de que la retórica del discurso dominante insiste en situar en el epicentro de la crisis el crecimiento de los costes laborales, alimentando así el mantra de que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, lo cierto es que ha sido desencadenada por el aumento desmesurado y desordenado de las finanzas, por la asunción de riesgos excesivos por parte de los grandes actores que operan en los mercados globales y por la creación de una unión monetaria al servicio de la industria financiera, las grandes corporaciones transnacionales y las economías con mayor potencial competitivo. Más que el excesivo aumento de los salarios, el prolongado estancamiento de los mismos a lo largo de las últimas décadas está en el origen de la Gran Recesión. El resultado de limitar la capacidad de compra de los trabajadores y de una concentración de la renta y la riqueza cada vez más fuerte ha alimentado la economía basada en la deuda. Sigue leyendo