Íñigo Errejón y la disputa electoral

Hacía tiempo que Iñigo Errejón estaba preparando su lanzamiento -sería más preciso decir su reincorporación- a la política estatal; con un nuevo partido, Más País (MP), que, finalmente, ha visto la luz. Su efímero tránsito por la Asamblea de la Comunidad de Madrid dice mucho de sus ambiciones políticas, cuya legitimidad, por supuesto, nadie discute. Sigue leyendo

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La periferia sigue siendo periferia

Supongamos por un momento, como lo hace la economía convencional, que la entidad en una economía de las exportaciones que utilizan trabajo cualificado y alta tecnología es un indicador de éxito, que revelan su potencial competitivo y su capacidad para entrar y mantenerse en los segmentos de mercado más dinámicos. Sigue leyendo

Cambio climático y poder corporativo

El movimiento contra el cambio climático, que culminará en la huelga mundial por el clima del próximo día 27, exige, con razón, a los políticos y a las instituciones compromisos, objetivos concretos, recursos para abordarlos y plazos de ejecución. Una marea, protagonizada sobre todo por lxs jóvenes, conscientes de que el planeta, su vida, la vida de todxs, están en peligro y que es el tiempo de actuar. No es suficiente con acuerdos como el de París y mucho menos con declaraciones grandilocuentes y vacías de contenido a las que ahora todos se apuntan, casi sin excepción; también los que no tienen ninguna intención de hacer nada al respecto, incluidos los grandes contaminadores y depredadores de la naturaleza. Sigue leyendo

El vértigo de las nuevas elecciones

La repetición de las elecciones nos sitúa ante un escenario inquietante e imprevisible. El peor de todos. La sensación de que los políticos, en general, y los de izquierdas, en particular, no han realizado su trabajo, no han sido capaces de traducir en acuerdos los resultados de las pasadas elecciones, está muy extendido. Formulado de esta manera, no comparto este diagnóstico, pero me temo que es el que, a fuerza de repetirlo una y otra vez, ha quedado en la opinión pública. Sigue leyendo

Trabajar más por menos: nuestro capitalismo

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número total de horas extraordinarias realizadas en la semana a lo largo del segundo trimestre del año en curso asciende a algo más de 6 millones, de las cuales el 52% han sido pagadas, mientras que el 48% restante no han recibido ninguna retribución. Si se compara este dato con el del mismo trimestre de 2018, la cifra total se ha reducido en un 12%; reducción que, sobre todo, corresponde a las pagadas, un 19%. Se llega a la misma conclusión cuando se relacionan los dos trimestres de este año con los de 2018. Sigue leyendo

Abrir el foco del debate sobre el Brexit

El Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea, UE) está, cada vez más, en el centro del debate político y en la cabecera de los medios de comunicación. En buena medida, se centra en las consecuencias que, de llevarse a cabo la “opción dura” (Brexit sin acuerdo) -que lidera el actual primer ministro británico, Boris Johnson-, tendrá para el Reino Unido, el resto de economías europeas y el conjunto de la economía global. Abundan los textos (artículos, informes…) sobre la necesidad y la posibilidad de eludir ese escenario y las diferentes alternativas que se abren al respecto. Sigue leyendo

El G7, la cumbre de los mentirosos

Acaba de concluir la cumbre del G7, que reúne a los dirigentes políticos de algunos de los países más poderosos del planeta (Alemania, Francia, Canada, Estados Unidos, Italia, Japón y Reino Unido), que junto a representantes de otras instituciones y algunos invitados, entre los que figuraba Pedro Sánchez, se han encontrado en Biarritz en estos días. El eslogan de la agenda económica es “Trabajando por un capitalismo más justo”. Puede parecer un sarcasmo, y lo es, pero cuando ya es habitual utilizar la propaganda sin escrúpulos, nada sorprende, todo vale, incluso las mentiras más obscenas. Sigue leyendo

¿Qué quieren los dirigentes socialistas? ¿Y Unidas Podemos?

La vertiginosa respuesta de los dirigentes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al documento programático elaborado por Unidas Podemos (UP) como base para abordar las negociaciones de un posible gobierno de coalición despeja todas las dudas, si es que quedaba alguna. No tienen intención de formar gobierno con UP y, en consecuencia, descartan abrir conversaciones que pudieran interpretarse como que contemplan de alguna manera ese escenario. La declaración ha sido contundente, contiene considerables dosis de cinismo y un evidente desdén hacia el partido que, ¡cuántas veces lo ha repetido Pedro Sánchez!, consideraba su socio preferente. Sigue leyendo

La competitividad no es sólo un problema de Alemania

Acaba de conocerse la noticia de que el Producto Interior Bruto de la economía alemana ha retrocedido en el segundo trimestre del año. Se abre, todavía tímidamente, un debate acerca de la viabilidad y la consistencia del “modelo económico alemán”, cuyo motor ya presentaba evidentes signos de debilidad en los últimos años. Un debate muy necesario, sobre el que, hasta el momento, se había pasado de puntillas en Europa. Resultaba mucho más cómodo, y rentable para las elites económicas y políticas, cargar con toda la artillería contra las “despilfarradoras e ineficientes” economías del sur.

Son numerosos y muy relevantes los asuntos a tratar al respecto de los fundamentos y la evolución de la economía alemana, pero los voy a dejar para otro momento. En las líneas que siguen propongo una reflexión sobre uno de los ejes centrales de esa economía, que, en un sentido más amplio, forma parte de las verdades indiscutibles del pensamiento económico dominante: el objetivo de la competitividad. Objetivo que, de manera resumida, consiste en vender más y disputar a nuestros socios o rivales cuotas de mercado. Un par de observaciones al respecto.

En primer lugar, la competitividad -tanto la que se alimenta de precios bajos, como la que se nutre de las innovaciones tecnológicas y de la oferta de bienes y servicios de calidad- esta anclada en la lógica del crecimiento. Un crecimiento que, como sabemos (o deberíamos saber), ha encendido todas las luces rojas de la insostenibilidad. No importa, se sigue apostando por un modelo que, en todas sus versiones, utiliza una gran cantidad de materiales y energía, cada vez más escasos y que, por esa razón, están y estarán en el origen de todo tipo de conflictos, donde, como siempre, los más pobres tienen todas las de perder; un modelo que, como proclama la inmensa mayoría de la comunidad científica, ya está teniendo efectos devastadores y posiblemente irreversibles sobre el cambio climático. El planteamiento sobre el binomio competitividad/crecimiento se intenta aderezar con propuestas referidas a un supuesto “crecimiento verde”, siempre en la confianza de que las innovaciones tecnológicas permitirán gestionar y reducir los costes. Entre tanto, la relación depredadora con la naturaleza sigue su curso y todos los escenarios de riesgo se precipitan, con un mensaje claro y contundente: no hay tiempo. Las recetas cuyo núcleo es la competitividad, como motor de funcionamiento de las economías, agravan el problema…la lógica de las cantidades -más producción, más recursos- no es viable.

En segundo lugar, la verdadera acepción de la competitividad la encontramos en la esfera de la economía política. Se persigue ese objetivo en un contexto de abierta impugnación por parte de los poderosos de las políticas redistributivas, de acoso y derribo de los estados de bienestar, de fractura de los equilibrios sociales en beneficio del capital, de debilitamiento o ausencia de espacios de negociación colectiva, de libertad sin restricciones en lo que concierne al movimiento transfronterizo de capitales… No estamos, pues, ante un elegante debate académico. En estas coordenadas, el objetivo competitivo conduce, inexorablemente, a presionar sobre los salarios, pero no sólo; también presiona sobre la naturaleza y las instituciones.

No es de recibo seguir aceptando el discurso de la competitividad “buena”, la que apuesta por la innovación, frente a la “mala”, que se articula alrededor del pack salarios/costes/precios bajos. Las economías de los “países modelo”, sus progresos, no se pueden entender sin la confiscación y la degradación de las periferias. Tampoco podemos cerrar los ojos ante las “empresas de éxito”, cuyo modelo de negocio se basa a menudo en salarios bajos, en ritmos de trabajo y jornadas extenuantes o en la subcontratación con firmas que ignoran los derechos laborales más básicos.

Discutamos sobre las carencias del denominado “modelo alemán”, por supuesto. El debate europeo no es debate sin introducir este tema en la agenda; las proclamas hacia más Europa lo ignoran y lo ocultan. Pero seamos conscientes de que los problemas estructurales que urge enfrentar, como el de la competitividad (que Alemania simboliza como nadie) nos hablan de un capitalismo, europeo y global, y de unos grupos dominantes que, si nadie lo remedia, nos llevan directamente al colapso.

 

Impuestos, ¿quién los paga? ¿cómo se utilizan?, estas son las cuestiones

Las derechas y el pensamiento económico conservador defienden, en teoría al menos, bajar los impuestos, convirtiendo este objetivo en una de sus principales banderas; colgando a las izquierdas y al pensamiento crítico el sambenito de querer aumentar la presión fiscal o mantenerla en niveles elevados.

Como tantas veces en economía y en política, estamos ante un asunto crucial que se aborda de manera deliberadamente confusa, con afirmaciones de trazo grueso. Centrar la cuestión en los impuestos es poner el foco en las herramientas, en los medios; pero ¿al servicio de qué política económica, de qué economía se utiliza el potencial recaudatorio de los Estados? Esta es, en mi opinión, la pregunta fundamental sobre la que, necesariamente, hay pronunciarse. Sigue leyendo