Desigualdad y pobreza. El país de Donald Trump

A menudo se afirma que la economía estadounidense es un modelo a seguir por la “vieja y desnortada” Europa.

Ya antes del estallido de la crisis este era un mantra muy utilizado en los círculos académicos, mediáticos y políticos. Lejos de evaluar las ventajas e inconvenientes de las economías situadas a ambos lados del atlántico, quienes argumentaban en estos términos pretendían justificar la necesidad de implementar en Europa las políticas neoliberales que en su opinión tan buenos resultados daban en Estados Unidos; muy especialmente las que apuntaban al mercado de trabajo, exigiendo su desregulación (flexibilización, utilizando un eufemismo muy recurrente). Sigue leyendo

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Todo sigue igual…la fractura social avanza

Acaba de ver la luz la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada por el Instituto Nacional de Estadística. Centraré mi comentario en los datos relativos al salarios bruto mensual del empleo principal y su evolución entre 2010 y 2015, años en los que se han aplicado con más rigor las políticas de devaluación interna (represión salarial) y estabilidad presupuestaria (reducción del gasto público social y productivo y aumento de la presión fiscal sobre las clases populares).

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La concentración del poder es un cáncer

Presentados como axiomas incontrovertibles, supuestamente sostenidos por la teoría económica y la evidencia empírica, no son pocos los lugares comunes manejados por los economistas. Uno de los más recurrentes, al que se acude una y otra vez, es que los salarios recibidos por los trabajadores recompensan su productividad o el capital humano atesorado por cada uno. ¿El ejecutivo cuya retribución es cien veces, o más, superior a la del salario medio pagado en su firma ve premiado su plus de productividad? ¿Acaso son sus méritos profesionales los que explican las muy generosas pensiones e indemnizaciones que tienen otorgadas? En absoluto. Sigue leyendo

Lo que importa a la gente

Se ha convertido en un hábito –muy saludable, por cierto- criticar la desigualdad. Entre los críticos se encuentran instituciones tan conservadoras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). No hace mucho éstas y otras entidades de similar perfil, y muchos economistas de la corriente dominante, sostenían que la desigualdad era el combustible que aseguraba un adecuado funcionamiento de las economías; estimulaba el ahorro,  favorecía la inversión y, al mismo tiempo, proporcionaba los estímulos necesarios para el aumento de la productividad. Por increíble que pueda parecer, estos principios forman parte de la enseñanza de la economía en muchas universidades. Sigue leyendo

Las raíces de la desigualdad

¿Por qué aumenta la desigualdad? ¿se trata de un desgraciado episodio asociado a la crisis económica o tiene raíces más profundas?

Ambas preguntas son relevantes. La primera se interroga sobre un problema que afecta a mucha gente que vive en condiciones de precariedad o de pobreza y, lo peor de todo, que no encuentra salida a una situación que se prolonga en el tiempo y que amenaza con enquistarse, si es que no lo ha hecho ya. La segunda de las cuestiones abre la puerta a una reflexión que, trascendiendo la coyuntura de la crisis, apunta al corazón de los modelos de crecimiento seguidos en las últimas décadas, que también fueron testigos de un aumento de la desigualdad (aunque sin alcanzar los niveles actuales). Sigue leyendo

¡Hablemos de desigualdad!

En los últimos años han visto la luz un buen número de publicaciones –algunas de ellas lanzadas desde organismos y agencias internacionales de indudable tono conservador- centradas en la desigualdad. Advierten sobre su continua progresión y sus negativas consecuencias sobre el funcionamiento de las economías, proponiendo medidas encaminadas a corregir o, al menos, suavizar este fenómeno. Sigue leyendo