Trabajo, empleo y salarios: La cuña ideológica del poder

El termino “mercado de trabajo” da nombre a muchas asignaturas en las facultades de ciencias económicas y a muchos libros, académicos y de divulgación. Su utilización se sostiene en una mezcla de tradición y de sentido común. Pero, como sucede a menudo en la economía, el lenguaje, lejos de ser una herramienta neutra, aséptica o inocua, contiene un relato, caso siempre al servicio de los que detentan posiciones de privilegio. Sigue leyendo

Salarios, poder y democracia

¿La economía española puede competir en salarios en la economía global? ¿debe hacerlo? Además del mantra de la austeridad y de la disciplina salarial, se escuchan voces que, apelando a la necesidad de ganar en competitividad, comparan las retribuciones de nuestros trabajadores con las que reciben los de los denominados capitalismos periféricos; algunos empresarios se han convertido en la “punta de lanza” de un planteamiento que no sólo pretende trasladar el mensaje de que los salarios de aquí son demasiado altos (a pesar de la regresión que han experimentado durante los últimos años) sino que el espejo donde debemos mirarnos es China, por poner un ejemplo muy citado y alabado. Sigue leyendo

La concentración del poder es un cáncer

Presentados como axiomas incontrovertibles, supuestamente sostenidos por la teoría económica y la evidencia empírica, no son pocos los lugares comunes manejados por los economistas. Uno de los más recurrentes, al que se acude una y otra vez, es que los salarios recibidos por los trabajadores recompensan su productividad o el capital humano atesorado por cada uno. ¿El ejecutivo cuya retribución es cien veces, o más, superior a la del salario medio pagado en su firma ve premiado su plus de productividad? ¿Acaso son sus méritos profesionales los que explican las muy generosas pensiones e indemnizaciones que tienen otorgadas? En absoluto. Sigue leyendo

Las raíces de la desigualdad

¿Por qué aumenta la desigualdad? ¿se trata de un desgraciado episodio asociado a la crisis económica o tiene raíces más profundas?

Ambas preguntas son relevantes. La primera se interroga sobre un problema que afecta a mucha gente que vive en condiciones de precariedad o de pobreza y, lo peor de todo, que no encuentra salida a una situación que se prolonga en el tiempo y que amenaza con enquistarse, si es que no lo ha hecho ya. La segunda de las cuestiones abre la puerta a una reflexión que, trascendiendo la coyuntura de la crisis, apunta al corazón de los modelos de crecimiento seguidos en las últimas décadas, que también fueron testigos de un aumento de la desigualdad (aunque sin alcanzar los niveles actuales). Sigue leyendo

¡Lo público, malo, y lo privado, bueno! Más allá de Volkswagen

Se ha convertido en un lugar común reivindicar las esencias de la iniciativa privada -transparencia, eficiencia y esfuerzo- frente a los males endémicos e incorregibles del sector público –rutina, opacidad y despilfarro-. El diagnóstico “oficial” sobre las causas de la crisis, culpabilizando de la misma al sector público, y el planteamiento de que su superación pasa por meter la tijera con decisión sobre el gasto de las administraciones públicas han alimentado y han dado cobertura a este antagonismo. Por si esto fuera poco, la interminable sucesión de episodios de corrupción ha reforzado la sensación de que una parte importante de la clase política, en connivencia con empresarios desaprensivos, se ha entregado al saqueo de las arcas públicas. Sigue leyendo

Los mercados no están vacios

Pues no, no lo están, a pesar de que se hayan vertido toneladas de tinta para presentar un espacio sin actores (o con actores que no pueden influir en el espacio). Mercados guiados por una especie de mano invisible, misteriosa y racional, que gobierna los procesos económicos, premiando la eficiencia y penalizando el despilfarro.

Por superficial e irrelevante que pueda parecer esta visión de las cosas, dominaba y domina -contra viento y marea, contra la apabullante evidencia suministrada por la crisis- el lenguaje y los espacios académicos. Como mucho, se acepta, no sin resistencias, que esa mano invisible puede errar algunas veces, pero no hay que preocuparse, pues inmediatamente los mercados activarán los dispositivos que restablecerán los equilibrios… o el detestado sector público acudirá a socorrer, con recursos de todos, al muy eficiente sector privado. Sigue leyendo