¿Reformar la Unión Económica y Monetaria para preservarla y fortalecerla?

Abro estas reflexiones poniendo el énfasis en la necesidad de plantear las preguntas adecuadas, pues, hay que ser consciente de ello, las preguntas y el lenguaje que utilizamos para formularlas contienen o condicionan de manera decisiva las respuestas; en absoluto son inofensivos ni inocentes, ni desde luego están objetivamente predeterminados. Sigue leyendo

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Maastricht: El sabotaje neoliberal del proyecto europeo

Artículo escrito con Miguel Urbán

La semana pasada se cumplía el 26 aniversario de la firma del Tratado de Maastricht. Desde Bruselas, los burócratas comunitarios nos invitan a celebrarlo, con entusiasmo, como un hito decisivo de la denominada “construcción europea”. Siempre el mismo mensaje: Europa, a pesar de todas las dificultades, avanza y se consolida, un mantra especialmente repetido desde el Brexit. En nuestra modesta opinión, sin embargo, no hay nada que celebrar sino más bien mucho que lamentar, pues el Tratado de Maastricht supuso una constitucionalización de los principios neoliberales, un verdadero sabotaje del proyecto europeo. Sigue leyendo

Bruselas ¿imposición o pretexto?

El discurso político y mediático del gobierno del Partido Popular (PP) está instalado en el pretexto. Apela continuamente a la necesidad de seguir la hoja de ruta marcada por Bruselas –sin cuestionarla, por supuesto-, deslizando el mensaje de que las políticas aplicadas dentro responden fielmente a las exigencias comunitarias en materia de ajuste presupuestario. Con esa falacia, pretenden salir libres de polvo y paja de una gestión de la crisis –de la cual el PP es en buena parte responsable- tan ineficiente como costosa en términos sociales y productivos. Sigue leyendo

¿Cesión o recuperación de soberanía en Europa? Una cuestión de enfoque

La cuestión de cuánta soberanía conservan los estados nacionales y cuánta se traslada a las instituciones supra estatales ha estado muy presente en la construcción europea. El denominado “proyecto europeo” ha avanzado a partir de la tensión y del equilibrio entre las competencias que los gobiernos cedían a instituciones de ámbito supraestatal y las que permanecían bajo su tutela; el recorrido de las Comunidades Europeas y de la Unión Europea (UE) ha encarnado el avance de las primeras y el retroceso de las segundas; si bien es evidente que los estados han conservado parcelas sustanciales de autonomía tanto en la esfera política como económica. Sigue leyendo

El desastre europeo

“La Europa de dos o más velocidades”. Consigna de moda en la siempre opaca y confusa jerga empleada en los documentos comunitarios. Aunque la expresión no es nueva en la gramática de la Unión Europea (UE) –ha justificado, por ejemplo, la decisión de crear la Unión Económica y Monetaria (UEM)-, ha cobrado una renovada actualidad. Designa uno de los cinco escenarios contemplados en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa; concretamente el tercero, denominado “Los que desean hacer más, hacen más”. La idea es, básicamente, la siguiente. Para sacar de su letargo el denominado “proyecto comunitario”, hay que permitir -favorecer, incluso- que aquellos países dispuestos a avanzar en el proceso de integración económica e institucional den pasos en esa dirección. Sigue leyendo

Algunas reflexiones sobre el euro

 

  1. Resulta tentador –aunque, en mi opinión, erróneo- situar el debate, sobre todo desde la perspectiva de las economías periféricas que están soportando el peso abrumador de las políticas impuestas desde la troika, en el dilema “permanecer o abandonar la zona euro”. Por supuesto, no se debe eludir un debate de enjundia que, además, está cada vez más presente (en el que han tomado posición políticos y economistas de gran renombre), y que, de mantenerse la deriva actual entrará de una manera u otra en la agenda política. Las imposiciones procedentes de la troika en materia de política económica, la estricta condicionalidad de los rescates, la pesada carga que supone atender las obligaciones financieras generadas por la deuda pública y el coste social y productivo que implica satisfacer las exigencias de los acreedores ha lanzado este debate sobre la viabilidad de la unión monetaria y la posibilidad de que algunos países la abandonen.
  2. Hay que tomar distancia de esta aproximación, no tanto porque dicho debate no sea necesario, que lo es, sino porque la clave está, antes que nada, en el contenido de las políticas a implementar, necesariamente determinadas por los diagnósticos y por la emergencia de la actual coyuntura. Sólo desde estas coordenadas es posible abrir una reflexión que, dependiendo de las posiciones en liza, oscila entre quienes abogan por fortalecer la zona euro, añadiendo más gobernanza que corrija las insuficiencias institucionales, y quienes, en las antípodas de esta posición, defienden la necesidad de salida más o menos ordenada y así recuperar herramientas de política económica cedidas por los países cuando renunciaron a sus signos monetarios.
  3. Teniendo en cuenta los desequilibrios estructurales que han causado la crisis y la gestión que han hecho de la misma los gobiernos y las autoridades comunitarias, tomando como base de partida las políticas que sería necesario implementar para avanzar en la dirección de una salida duradera, equitativa y sostenible de la “gran recesión” tenemos que afirmar con contundencia que la Unión Económica y Monetaria (UEM), su formato actual y el que se está promoviendo desde las esferas de poder, colisiona con esos objetivos. Por esa razón, se precisa un viraje sustancial en las políticas y las instituciones comunitarias, viraje que es altamente improbable, si se mantiene la inercia actual, sustentada en una combinación de fundamentalismo, intereses y concepciones erróneas.
  4. Hay otras lógicas económicas, cuya materialización depende de que existan fuerzas sociales y políticas capaces de abrir escenarios, que hagan posible opciones que se alimentan en otra manera de entender la economía. Es posible otra Europa y dentro de ella otra unión monetaria sustentada en los principios de cooperación, redistribución, equidad y democracia; está en el interés de la ciudadanía apostar por esa nueva Europa, por una refundación desde los cimientos mismos del proyecto comunitario, refundación radicalmente distinta de la que están impulsando las elites políticas y las oligarquías.
  5. Al mismo tiempo, no cabe descartar la necesidad de una salida de la UEM para aplicar otra política económica. Del mismo modo que tampoco cabe descartar que algunos países se vean obligados a abandonar el euro o que las propias inconsistencias de la unión monetaria conduzcan finalmente a su disolución. En la situación actual, todos los escenarios están abiertos, si bien parece claro que los intereses de la gran banca y de las empresas transnacionales, tanto de los países del centro como del cinturón periférico, principales jugadores y ganadores de la construcción europea, están mejor representados preservando la unión monetaria (reformada). También apuestan, en principio, porque las economías periféricas se mantengan en la misma, no sólo porque de este modo protegen sus inversiones, sino también porque evitan que una salida desordenada provoque un efecto en cadena difícil de manejar y controlar.
  6. En cualquier caso, una alternativa de salida voluntaria de la zona euro debe ser contemplada con prudencia. Muy posiblemente, los costes derivados de que alguna de las economías periféricas abandonara el euro (mucho más probable que una disolución ordenada o desordenada de la unión monetaria) podrían ser muy elevados a corto plazo, justo cuando más recursos se necesitarían para hacer frente a esa situación de ruptura y para proteger a los grupos de población más vulnerables; algunos de los costes más evidentes serían la fuga de capitales, el agravamiento de la deuda externa y el aumento de las tasas de inflación (como consecuencia de la pérdida de valor de la moneda nacional reinstaurada). ¿Esos y otros efectos negativos serían compensados por la recuperación del manejo de las políticas monetaria y cambiaria? Quienes defienden esta alternativa plantean que ambas políticas podrían ponerse al servicio del crecimiento y de la mejora de la posición competitiva en el exterior. Es difícil decir, por anticipado, si los costes superarán los beneficios o si éstos serán mayores que aquéllos. Téngase en cuenta, al respecto, el desfase temporal entre unos y otros; mientras que, como se acaba de señalar, los costes deberán gestionarse inmediatamente, los beneficios potenciales se obtendrán en un horizonte temporal más dilatado.
  7. Pero quizá lo más decisivo es que nada garantiza que la salida del euro, a pesar de conceder una mayor soberanía a los gobiernos a la hora de gestionar la política económica, abra el camino a una salida progresista de la crisis. En ese escenario, sometidos los gobiernos y los actores sociales a restricciones muy importantes (al menos a corto plazo, donde pueden aparecer tendencias disgregadoras y populistas) puede ser muy difícil articular una mayoría social comprometida con una salida progresista de la crisis.

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Europa, Rajoy, Rivera y Podemos

¿Es necesario que el programa electoral con el que los partidos políticos acuden a las elecciones formule propuestas al respecto de la actual encrucijada europea? En mi opinión, la contestación debe ser rotundamente afirmativa. Hay, al menos, cuatro razones que justifican una clara toma de posición: a) por la gestión autoritaria y oligárquica que la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, junto al Fondo Monetario Internacional (la célebre Troika) han realizado de la crisis, b) por los cambios decisivos, una histórica regresión, que se han operado en las instituciones comunitarias y en las políticas que promueven, c) porque nuestra economía forma parte de la Unión Europea (UE) y de la Unión Económica y Monetaria, lo que supone una notable cesión de soberanía en parcelas cruciales de la política económica, y d) porque la credibilidad y la legitimidad de la UE ha quedado seriamente erosionada, incluso entre aquellos sectores de la ciudadanía más comprometidos e ilusionados con el denominado “proyecto europeísta”. Sigue leyendo

Objetivo: Destruir a Syriza

 

Destruir a Syriza.

Porque es un gobierno que ha puesto a la gente –a los débiles y a los más desfavorecidos, sobre todo- en el centro mismo de la acción política. Ganó unas elecciones en un contexto de hostilidad mediática –los grandes medios de comunicación están en manos de los de siempre- y de amenazas, nada disimuladas, procedentes de las instituciones comunitarias. Sigue leyendo