Aumentar los salarios y democratizar las relaciones laborales es bueno para las empresas

La economía dominante ha colonizado el debate sobre el papel de los salarios en la configuración de la oferta, como si sólo fuera posible una mirada, la suya. La secuencia propuesta según este relato es bien conocida. La moderación de los costes laborales es necesaria para que las empresas mejoren sus márgenes y de esta manera estén en condiciones de activar y consolidar el proceso inversor; esa moderación es asimismo imprescindible para fortalecer la competitividad en los mercados globales. Sigue leyendo

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Salarios, poder y democracia

¿La economía española puede competir en salarios en la economía global? ¿debe hacerlo? Además del mantra de la austeridad y de la disciplina salarial, se escuchan voces que, apelando a la necesidad de ganar en competitividad, comparan las retribuciones de nuestros trabajadores con las que reciben los de los denominados capitalismos periféricos; algunos empresarios se han convertido en la “punta de lanza” de un planteamiento que no sólo pretende trasladar el mensaje de que los salarios de aquí son demasiado altos (a pesar de la regresión que han experimentado durante los últimos años) sino que el espejo donde debemos mirarnos es China, por poner un ejemplo muy citado y alabado. Sigue leyendo

Felipe González, el campeón de la democracia

¡Cuánta sensibilidad demuestra Felipe González preocupándose por los presos políticos venezolanos! Hace de tripas corazón y no le importa participar en un acto con José María Aznar, aquel presidente de gobierno que impulsó -eso sí, como actor secundario o como bufón de la corte- la invasion de Irak, provocando decenas de miles de muetos en la guerra y otros tantos a causa de la enfermedad y la desnutrición; invasión que está en el origen de buena parte de los conflictos que vive la región. No he escuchado a este Felipe González, que siente tanta querencia por intervenir en los asuntos políticos de Venezuela, pronunciarse sobre los peligros que supone que al frente de Estados Unidos se encuentre un personaje de la extrema derecha, racista, machista y xenófobo, una amenaza para los trabajadores y un peligro para las derechos humanos y la supervivencia del planeta, que ha puesto al frente de su gobierno a un puñado de megaricos reaccionarios. Hay que ser comprensivos, ¡tiene tanto trabajo con poner orden en Venezuela! Tampoco ha considerado necesario el campeon de la democracia Felipe Gonzalez decír ni pío sobre las persecuciones y asesinatos en Arabia Saudí, o sobre el golpe de estado perpetrado en Brasil por la derecha más reaccionaria, o sobre los miles de refugiados que están muriendo de frío, hambre y enfermedad en nuestra Europa o ahogados en su desesperado intento por cruzar el Mediterráneo, o sobre el peligro que supone el ascenso de la extrema derecha en Francia, Holanda y Austria, o sobre el drama humanitario que está padeciendo la población griega, fruto de las políticas impuestas por la Troica (con la complacencia, por cierto, de la mayor parte de los partidos socialistas europeos). Tan preocupado por los derechos humanos, también podría haber dicho algo sobre la vulneración que supone que mucha gente sufra de pobreza energética o no tenga techo donde cobijarse; aquí, en nuestro país, no hay que irse a Venezuela. Y sobre los asesinatos de mujeres, ¡qué gran oportunidad perdida por este socialista de pro! Pero nada de esto importa, Felipe González, el de las grandes causas, lo tiene claro, Venezuela es su lucha, que solo interrumpe para poner orden en el PSOE, para corregir los posibles desvaríos de quienes pretendían consultar a las bases -¡horror, escuchar a los de abajo, qué despropósito!- y una posible alianza con Podemos, línea roja que la cúpula socialista, con Felipe González (y Susana Díaz) a la cabeza, no ha querido cruzar. Hasta ahí podía llegar este antiguo dirigente socialista, ahora consejero de Gas Natural (actividad por la que se está embolsando una fortuna multimillomaria) y afanado defensor de los derechos humanos en Venezuela.

Bruselas entra en la campaña electoral

¿Creíamos que lo habíamos visto todo? Pues no… y lo que nos espera. La Comisión Europea acaba de descolgarse con un nuevo informe sobre la economía española, del que, cuando escribo estas líneas, sólo se conocen los resúmenes aparecidos en la prensa escrita. En el texto, además de valorar la situación actual de nuestra economía, se deslizan, como es habitual, un conjunto de “recomendaciones”. Sigue leyendo