Las mentiras de las políticas de represión salarial

El diagrama ilustra con claridad el relato dominante que justifica la represión salarial y la desregulación del mercado de trabajo. Estas políticas tendrían un efecto positivo sobre los costes de las empresas, reduciéndolos. De esta manera, los precios se ajustarían y la inversión se dinamizaría; lo primero, fortalecería la competitividad, y lo segundo, aumentaría la productividad. La consecuencia de todo ello sería la intensificación del crecimiento, lo que tiraría del empleo. Finalmente, también crecerían los salarios, que podrían acompañar las mejoras de la productividad. No obstante, la reproducción de este círculo virtuoso depende de que se mantenga la moderación salarial y las instituciones laborales favorezcan los ajustes empresariales. Sigue leyendo

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Draghi y los salarios, ¡menuda caradura!

En unas recientes declaraciones de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), en la Eurocámara ha lanzado el mensaje de que ha llegado la hora de subir los salarios. Justifica esta posición ante la falta de resultados de la política monetaria y el limitado espacio que deja Bruselas a la política presupuestaria de los gobiernos. El aumento de los salarios debe suplir estas carencias, estimulando la demanda y ayudando a superar el bucle deflacionista en el que están inmersas las economías europeas. Sigue leyendo

La concentración del poder es un cáncer

Presentados como axiomas incontrovertibles, supuestamente sostenidos por la teoría económica y la evidencia empírica, no son pocos los lugares comunes manejados por los economistas. Uno de los más recurrentes, al que se acude una y otra vez, es que los salarios recibidos por los trabajadores recompensan su productividad o el capital humano atesorado por cada uno. ¿El ejecutivo cuya retribución es cien veces, o más, superior a la del salario medio pagado en su firma ve premiado su plus de productividad? ¿Acaso son sus méritos profesionales los que explican las muy generosas pensiones e indemnizaciones que tienen otorgadas? En absoluto. Sigue leyendo

Las raíces de la desigualdad

¿Por qué aumenta la desigualdad? ¿se trata de un desgraciado episodio asociado a la crisis económica o tiene raíces más profundas?

Ambas preguntas son relevantes. La primera se interroga sobre un problema que afecta a mucha gente que vive en condiciones de precariedad o de pobreza y, lo peor de todo, que no encuentra salida a una situación que se prolonga en el tiempo y que amenaza con enquistarse, si es que no lo ha hecho ya. La segunda de las cuestiones abre la puerta a una reflexión que, trascendiendo la coyuntura de la crisis, apunta al corazón de los modelos de crecimiento seguidos en las últimas décadas, que también fueron testigos de un aumento de la desigualdad (aunque sin alcanzar los niveles actuales). Sigue leyendo

El sentido común de la economía y los economistas

El sentido común. ¿Hay un término más usado en estos tiempos de confusión y cambio que nos ha tocado vivir? Creo que no. Casi todo se justifica apelando a ese sentido común, como si reflejara una lógica irrefutable. Quien se sitúe fuera de esas coordenadas, donde conviven la razón y la tradición, o se atreva a cuestionar unos registros que, supuestamente, nos permiten entender la realidad -para los que tenemos un lenguaje simple y directo, nada sofisticado- es inmediatamente descalificado o arrojado a las tinieblas de la sinrazón y la ignorancia. Sigue leyendo

Aumentar los salarios para salir de la crisis

Para superar la crisis económica es necesario aplicar una política económica cuyo objetivo sea, entre otros, aumentar los salarios. Justo lo contrario de la aplicada por el gobierno del Partido Popular, de la recomendada por el Banco de España y de la impuesta desde la Troika comunitaria.

Por razones de equidad. Porque no es justo que los costes de la crisis económica sean soportados por los trabajadores asalariados, pues ellos no son los que la han provocado. A pesar de que la retórica del discurso dominante insiste en situar en el epicentro de la crisis el crecimiento de los costes laborales, alimentando así el mantra de que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, lo cierto es que ha sido desencadenada por el aumento desmesurado y desordenado de las finanzas, por la asunción de riesgos excesivos por parte de los grandes actores que operan en los mercados globales y por la creación de una unión monetaria al servicio de la industria financiera, las grandes corporaciones transnacionales y las economías con mayor potencial competitivo. Más que el excesivo aumento de los salarios, el prolongado estancamiento de los mismos a lo largo de las últimas décadas está en el origen de la Gran Recesión. El resultado de limitar la capacidad de compra de los trabajadores y de una concentración de la renta y la riqueza cada vez más fuerte ha alimentado la economía basada en la deuda. Sigue leyendo