España y Alemania en la Europa de las divergencias

En las próximas páginas se analiza la existencia de procesos de convergencia, o de divergencia, en las economías alemana y española. Buena parte de los trabajos realizados en esta materia se centran en el comportamiento seguido por el PIB por habitante. Esta perspectiva es, sin duda alguna, necesaria, pero una visión más compleja y de mayor calado, en la que pretende centrarse este texto, necesita tener en cuenta otras variables conectadas con lo que, en términos genéricos, se suele denominar convergencia estructural.

Con esta perspectiva, son tres los planos de análisis seleccionados. El primero se ocupa de analizar las especializaciones productivas, poniendo el foco en la industria manufacturera; el segundo apunta a la inserción exportadora y las ventajas competitivas; en tercer lugar, se aborda la cohesión social. La consideración conjunta de estos tres ámbitos permitirá dar cuenta de las diferencias estructurales entre los dos países, como reflejo de las que separan al norte y al sur de la Unión Europea (UE). El texto concluye con algunas reflexiones, de tono más general, sobre las enseñanzas y las consecuencias, económicas y políticas, de una Europa atravesada de importantes disparidades.

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Un mapa global heterogéneo, dominado por las asimetrías

Buena parte de los trabajos en materia de convergencia se centran en el comportamiento seguido por el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante. Seguiremos en este texto el mismo criterio, si bien no cabe ignorar que una visión más compleja y de mayor calado necesita tener en cuenta otros indicadores conectados con lo que, en términos genéricos, se suele denominar convergencia estructural, que apunta a aspectos como los salarios, la productividad del trabajo y las especializaciones productivas y su contenido tecnológico.

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La globalización a debate

Convergencia. Término que quiere simbolizar el cierre de la brecha que separa a los denominados países desarrollados de los subdesarrollados (calificativos discutibles sobre los que ahora no entraré). Una de las supuestas ventajas de la globalización económica –comercial, productiva, tecnológica y financiera- debía consistir, según sus defensores, en que, en un escenario donde todos ganarían, los que más lo harían serían los países más atrasados. No creo exagerar si digo que éste ha sido uno de los mantras más repetidos desde la economía dominante. La globalización a debate

La Europa de las grandes divergencias

Principio sacrosanto de la economía convencional: La globalización es un juego de suma positiva donde todos ganan y los mayores beneficios los cosechan los países más rezagadas… siempre que se comprometan sin vacilar con la liberalización de los mercados y la apertura de sus economías. En esas condiciones, los “pobres” convergerán hacia el nivel de los “ricos”.

Con más razón, todavía, si nos referimos a la Unión Europea (UE), donde, a diferencia de otros proyectos de integración regional, se habrían diseñado políticas y levantado instituciones con el propósito de redistribuir recursos hacia las economías más débiles. Así, a las “virtudes” del mercado habría que añadir la existencia de una voluntad política comprometida con la convergencia, voluntad que a menudo se ha presentado como el santo y seña del proyecto comunitario, nuestra más preciada identidad. Sigue leyendo