No a esta Europa

De la crisis económica emerge una Europa más fracturada e insolidaria, una Europa que renuncia a la aplicación de políticas comunes de signo redistributivo, una Europa crecientemente atrapada en la lógica de los mercados financieros y las transnacionales, una Europa más sometida a los intereses de las economías con mayor potencial competitivo, una Europa más oligárquica y antidemocrática.

Al servicio de esta Europa, y de la preservación de la moneda única, se ha acometido un importante rediseño institucional de la unión monetaria y se han llevado a cabo las políticas económicas impulsadas desde la Troika.

Se trata en suma de una Europa que representa una camisa de fuerza para intentar imprimir otro rumbo a su economía. La salida a esta situación no es abandonar el euro, pero esta posibilidad –también la disolución de la Unión Económica y Monetaria- no puede ser descartada en un contexto dominado por la incertidumbre y la irrupción de fuerzas centrífugas de distinto perfil político.

Esta Europa precisa de una verdadera refundación democrática y de un proceso constituyente que alumbren políticas sustentadas en la cooperación, la equidad, la solidaridad y la sostenibilidad. No se trata, pues, de recuperar las esencias del proyecto comunitario –cuya deriva es una de las causas precisamente de la crisis actual-, ni tampoco de introducir más gobernanza en las estructuras actuales, funcionales a los intereses de las elites políticas y económicas.

Teniendo en cuenta estas restricciones, los representantes de Podemos en el Parlamento Europeo deben trasladar un conjunto de iniciativas que, inevitablemente, rompen con las líneas rojas no superadas por las reformas aplicadas durante estos años desde Bruselas.

En este giro hacia otra Europa serán claves una sustancial ampliación del presupuesto comunitario, la creación de una hacienda fiscal, la prohibición de los paraísos fiscales, dotar al Banco Central europeo de las competencias que le permitan actuar como un verdadero banco central, proceder a una reforma en profundidad de los mercados financieros, acordar mecanismos de ajuste de las economías estructuralmente superavitarias, suprimir el dumping social y fiscal, reorientar las políticas comunitarias de acuerdo a los principios de equidad, solidaridad y sostenibilidad, crear instrumentos de deuda mancomunada y, finalmente y con carácter de urgencia, ejecutar un plan de reestructuración de la deuda y un ambicioso programa de inversiones dirigido a las economías meridionales.

Necesitamos, en definitiva, otra Europa, muy distinta de la actual.

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