Tener paciencia. el discurso del poder

Paciencia. Termino continuamente utilizado por Mariano Rajoy y otros dirigentes del Partido Popular con el objeto de calmar la ansiedad de la población que tanto ha perdido con la crisis económica y que, a pesar del crecimiento de los últimos años, no ha mejorado su situación y que aprecia que las ganancias se las llevan los de siempre.

PACIENCIA. A los que han perdido su empleo y han dejado de recibir la prestación por desempleo, a los que se han convertido en parados de larga duración, dependiendo para su subsistencia y la de sus familias de los servicios sociales; a los trabajadores que cada día tienen que vivir con la amargura de querer trabajar y no poder hacerlo, de ofrecerse para cualquier empleo y no encontrar ninguno. PACIENCIA. A las personas mayores necesitadas de cuidados para cubrir necesidades esenciales de su vida cotidiana y que ya no pueden recibirlas porque la Ley de Dependencia está siendo dinamitada, personas que, privadas de esos cuidados, sufren y mueren. PACIENCIA. A los jóvenes que tienen un proyecto de vida que ni siquiera pueden empezar, pues se les niega el derecho a trabajar; muchos de ellos han recibido una formación con la que creían que podrían encontrar una inserción mejor en el mercado laboral; desvanecida esa esperanza, no son pocos los que hacen las maletas y se van, mientras que los que se quedan viven el desconsuelo y la frustración de un desempleo masivo. PACIENCIA. A los trabajadores del sector privado y de las administraciones públicas que creían conquistados y reconocidos unos derechos que ahora están perdiendo, salarios que se reducen, jornadas de trabajo que se prolongan, convenios colectivos que se convierten en papel mojado, temor a formular reivindicaciones o a sumarse a acciones de protesta, pues el mínimo atisbo de rebeldía, por leve que sea, puede significar la pérdida del empleo. PACIENCIA. A los inmigrantes que después de haberse dejado la piel trabajando durante años y haber sido explotados sin ningún miramiento, retornan a sus países de origen; también a aquéllos que ahora ni siquiera pueden acceder a los malos empleos y a los se les niega el derecho a la atención sanitaria. PACIENCIA. A los pobres, a los de antes y a los de ahora, a los excluidos, a los que han perdido un empleo y no encuentran otro, a los trabajadores que, pese a trabajar, se sitúan cerca o por debajo de los umbrales de pobreza, a los que padecen en mayor medida los recortes de los gastos sociales, a los que ya no tienen anclajes familiares y profesionales para mantenerse a flote, a los ignorados, a los que son invisibles en las estadísticas. PACIENCIA. A los trabajadores de la educación y la salud públicas que tienen que desenvolverse cada día con menos recursos, que se enfrentan, sin poder remediarlo, a la degradación de la calidad o a la eliminación de unos servicios que son necesarios para la equidad social, que, impotentes, contemplan cómo se impone el capitalismo más individualista e insolidario, donde tendrá educación y salud de calidad quien pueda pagársela. PACIENCIA. A las familias arrojadas de sus viviendas habituales por los bancos que hicieron y todavía están haciendo un lucrativo negocio con los préstamos hipotecarios: a los científicos e investigadores cuyos presupuestos se han visto drásticamente recortados; a los estudiantes que no podrán continuar con su formación ante la enorme subida experimentada por las tasas. Ejemplos, que no lista exhaustiva, de pérdidas y perdedores. A TODOS ELLO, PACIENCIA.

¿PACIENCIA? Cinismo, prepotencia, desprecio a la ciudadanía, servilismo a las oligarquías, ignorancia. Posiblemente hay de todo un poco en ese mensaje. Pero, cuidado con esta deriva; lo que estamos perdiendo será muy difícil recuperarlo, pues las pérdidas de la mayoría son ganancias para las elites económicas y politicas, cada vez más fuertes, y porque, sometidos al chantaje de lo inevitable e instalados en una sensación de fatalidad, cada vez es más difícil organizar y articular la resistencia de los damnificados. Y no nos engañemos, el crecimiento económico, como estamos viendo, no recupera lo perdido ni ofrece oportunidades a los perdedores. El daño social y productivo ha sido demasiado profundo y muchos derechos se habrán quedado en el camino. Conclusión: NO PERMITAMOS TANTO ATROPELLO, HAGAMOS VER AL PODER NUESTRA IMPACIENCIA.

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