La tarta se la comen ellos

¡Una imagen vale más que mil palabras! Dicho popular cargado de sabiduría. Si sustituimos “imagen” por “información estadística veraz” y “palabras” por “retórica política”, entonces tenemos una afirmación inapelable.

Me centraré, en esta ocasión, en un indicador que debiera ser crucial en cualquier reflexión económica seria: la participación de los salarios en la renta nacional (lo que los economistas denominamos costes laborales unitarios reales). Este indicador nos informa –con todas sus limitaciones, que las tiene- de cómo se distribuye la riqueza generada en un país entre los salarios y las rentas del capital.

Veamos cuál ha sido su evolución entre 1980-2013 ¿Tiene interés reparar en lo acontecido con este indicador a lo largo de más de tres décadas? En mi opinión es clave, pues buena parte de los grandes y graves problemas a los que se enfrenta nuestra economía, aunque se han exacerbado en los últimos años –incluso han aparecido algunos nuevos frutos de la aplicación de políticas al mismo tiempo erróneas e interesadas-, tienen un origen muy anterior a la Gran Recesión.

Según la información proporcionada por la Oficina Estadística de la Unión Europea (Ameco), entre 1980 y 2007 la cuota de los salarios en la renta nacional se ha reducido  en 11,5 puntos porcentuales; entre 2002 y 2007, años de plena vigencia del euro, el retroceso ha sido de 3,5 puntos.

Conviene destacar, por lo tanto que estamos ante una trayectoria de largo recorrido que se ha mantenido y consolidado, e incluso se ha intensificado, en un contexto de crecimiento económico; superior al 2% en las décadas de los 80 y 90, y por encima del 3% en los años previos al estallido de la crisis. No debemos pasar por alto esta aparente “paradoja”: el crecimiento, lejos de promover más equidad, ha sido compatible con el aumento de la desigualdad.

¿Qué ha sucedido en los años de crisis? Esa tendencia no sólo se ha reafirmado, sino que la degradación salarial ha alcanzado cotas históricas, sin precedentes en la historia de la construcción europea.

Lo peor ha sucedido cuando, tras un breve, retórico y demagógico coqueteo con las ideas de reformar el sistema financiero y “refundar” el capitalismo, se ha impuesto el diagnóstico de la troika: ajuste presupuestario (que debemos leer como reducción del gasto público y social, y aumento de la imposición indirecta), devaluación interna (que no es sino presión sobre los salarios nominales y reales) y políticas estructurales (que han quedado reducidas a desregular los mercados laborales, privatizar y externalizar servicios públicos y sanear los balances de los grandes bancos). Estas políticas se han aplicado con especial dureza sobre las economías periféricas, a las que, siguiendo con la retórica oficial, se responsabiliza de haber vivido por encima de sus posibilidades.

En nuestra economía, entre 2008 y 2014 la parte de los salarios en la renta nacional se ha reducido algo más de tres puntos porcentuales.

Es importante hacer notar, ahí reside precisamente la gravedad del problema, que la deriva de los últimos años es el resultado combinado de la existencia de altos niveles de desempleo, de  un proceso de destrucción de empleo, de la reducción del salario por trabajador y de la prolongación de la jornada laboral; y también, aunque apenas tenga visibilidad estadística, de la intensificación de los ritmos laborales. Con el argumento de preservar el empleo (gran falacia, gran mentira) y la permanente amenaza de que hay mucho parados dispuestos a trabajar más por menos, son muchos los asalariados, seguidos o liderados por los sindicatos, que están “aceptando” históricas rebajas en sus retribuciones (que, en algunos casos, se presentan como “grandes victorias”).

¿Cómo es posible que con, datos tan rotundos y dramáticos, el gobierno insista en que se han hecho bien las cosas? Puede que la explicación se encuentre en la inagotable dosis de cinismo y arrogancia de una clase política que gobierna contra la mayoría social. Es posible, asimismo, que intenten convertir esa gran mentira, a fuerza de repetirla, en una verdad mediática, confiando en que una incipiente recuperación económica les proporcione el oxígeno suficiente para enfrentarse con éxito a las próximas confrontaciones electorales. Pero, en todo caso, lo que me parece más importante es que con ese mantra quieren ocultar que, en realidad, con las políticas aplicadas han sido la mayor parte de los trabajadores asalariados los que han soportador el coste de la crisis, exonerando de responsabilidad y hasta recompensando a los que la han provocado; y éste era uno de los objetivos fundamentales de la agenda, más o menos oculta del gobierno. Esas políticas –no la mejora de la productividad, no la mayor competitividad, no el crecimiento- son las que están permitiendo recuperar los márgenes empresariales, sobre todo los de las grandes corporaciones, y éste también era un objetivo estratégico

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s