Un capitalismo agresivo y a la deriva

El capitalismo se degrada y nos degrada. La crisis económica está propiciando una muy importante reconfiguración de los mercados, los grupos económicos y los tejidos empresariales en la dirección de un reforzamiento de las tendencias oligopólicas y oligárquicas. Un poder cada vez más concentrado que no sólo cuenta con más capacidad para influir en las políticas públicas, sino que, asimismo, ha dado el (a)salto definitivo a la política y a la ocupación de los espacios públicos. Igualmente, en lo que concierne a la sostenibilidad de los procesos económicos el panorama no ha dejado de empeorar. Con el pretexto de las políticas de “austeridad” y de la necesidad de restablecer el crecimiento, la problemática medioambiental ha quedado, simplemente, fuera de la agenda de los gobiernos (si es que alguna vez estuvo dentro). Resulta evidente, asimismo, que la masiva destrucción de puestos de trabajo y la precarización de muchos de ellos, junto al hundimiento de las políticas públicas, supone una carga adicional sobre las mujeres, una verdadera involución que refuerza los roles asistenciales y subalternos y que deja en la cuneta derechos y conquistas que creíamos consolidados.

Hay que visibilizar lo que, sin disimulo, unos y otros quieren ocultar (y que hasta el momento han ocultado a ojos de la mayoría), criticar lo que se quiere presentar como inevitable, y denunciar la falacia de que lo perdido hoy, o lo postergado para un futuro impreciso, se recuperará más adelante (cuando los parámetros económicos mejoren).

En paralelo, es muy importante caracterizar e impugnar el capitalismo que está emergiendo de la crisis, pues no es un punto y seguido del ya conocido: presenta perfiles novedosos en aspectos relativos a los mecanismos de acumulación y reparto, a la relación entre las esferas pública y privada o a las relaciones de poder. En este contexto, la mayoría social está padeciendo un proceso de extracción de renta y riqueza de proporciones históricas. Confiscación que no sólo debe interpretarse como un muy desigual reparto de los costes de la crisis, al soportarlos quienes no son responsables de su advenimiento mientras que se lucran los que han llevado a la economía a una situación crítica. También debe contemplarse como la consolidación de un capitalismo que retorna y redescubre los mecanismos de “crecimiento extensivo”: jornadas más largas, ritmos de trabajo más intensos, salarios más bajos y mercantilización de los espacios públicos.

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